Lewis Carroll
Alicia en el País de las Maravillas fue un libro que leí por primera vez en mi infancia, en portugués, mi lengua materna. En aquel entonces, lo disfruté como una aventura mágica, llena de personajes excéntricos y situaciones maravillosas que alimentaban mi imaginación. Sin embargo, durante mi adolescencia, pasé años sin acercarme a él en español, un idioma que todavía no sentía completamente mío. Fue mucho después, cuando decidí reencontrarme con esta obra, y en esa lectura descubrí que ya no era solo un cuento fantástico; la travesía de Alicia se convirtió en un espejo de mis propios procesos de cambio y adaptación. Su caída por la madriguera resonaba con esa sensación de saltar hacia lo desconocido, enfrentando un entorno que, aunque incierto, ofrecía la oportunidad de reconstruirme. Alicia me enseñó a abrazar lo caótico como parte de cualquier transformación, a ver la adaptación no como una pérdida, sino como una herramienta para crecer, y a encontrar fuerza en la posibilidad de construir algo nuevo, incluso cuando todo parece extraño.
El viaje de Alicia comienza con una caída, un salto literal hacia el vacío. Ese descenso por la madriguera, con su vértigo y sus giros inesperados, es más que una simple entrada al País de las Maravillas. Desde una perspectiva psicoanalítica, podría interpretarse como un viaje al inconsciente, como lo describió Freud; un espacio donde los deseos reprimidos, los miedos y las posibilidades se entremezclan. Este movimiento, que la separa de su mundo cotidiano, resuena con el acto de migrar, un proceso que también nos sumerge en un lugar incierto, con reglas diferentes y sin un mapa claro.
En el País de las Maravillas, Alicia se enfrenta a un mundo caótico y fascinante, donde todo lo que daba por hecho pierde sentido, y las reglas parecen reescribirse constantemente. Los personajes que encuentra, como la Reina de Corazones, con su autoritarismo desmesurado, o el Conejo Blanco, siempre apresurado, la arrastran a situaciones que desafían su lógica y comprensión, obligándola a cuestionar quién es y cómo encaja en ese entorno extraño. De manera similar, la experiencia migratoria nos enfrenta a una pérdida de certezas que antes estructuraban nuestra vida cotidiana. El idioma, las costumbres y las normas sociales se tornan fluidos e impredecibles, dejando a quienes migran en un estado de constante reajuste. Al igual que Alicia, el migrante debe aprender a navegar este nuevo mundo con paciencia, intuición y, muchas veces, mediante un proceso de ensayo y error, descubriendo en el camino una fortaleza interna que les permite resignificar su identidad y su lugar en el nuevo contexto.
Cada personaje que Alicia encuentra puede verse como una representación de los desafíos internos y externos de quienes migran. La Reina de Corazones, con su actitud impredecible y autoritaria, simboliza la sensación de hostilidad que a veces se percibe en un entorno nuevo, donde todo parece juzgarnos y exigirnos sin descanso. Por otro lado, la Oruga, con su enigmática pregunta “¿Quién eres tú?”, introduce una cuestión fundamental; la crisis de identidad. Cuando migramos, esa pregunta, que en un contexto familiar puede parecer simple, se torna compleja. ¿Quiénes somos cuando nuestro idioma, nuestras costumbres y nuestras referencias ya no encajan en el nuevo lugar?
El País de las Maravillas, con su lógica absurda y sus constantes cambios de reglas, es una metáfora perfecta de la desconstrucción que acompaña a la migración. Winnicott habla del “espacio transicional” como un lugar intermedio donde exploramos lo desconocido mientras reelaboramos nuestras referencias internas. Alicia habita ese espacio, al igual que quienes migran, moviéndose entre la nostalgia de su mundo anterior y la necesidad de construir sentido en el nuevo.
El constante cambio de tamaño que experimenta Alicia, encogiéndose y creciendo dependiendo de las situaciones, es otra metáfora poderosa. Migrar a veces nos hace sentir fuera de lugar, demasiado grandes para algunas cosas y demasiado pequeños para otras. Este vaivén emocional y psicológico refleja la lucha interna de quien busca adaptarse a un entorno que a veces parece demasiado amplio y otras, demasiado estrecho.
A lo largo de su travesía, Alicia aprende a transitar por ese caos con una mezcla de curiosidad y valentía. Poco a poco, encuentra su lógica interna en un mundo que inicialmente parecía insensato. Esta transformación, este proceso de aprendizaje y adaptación, tiene paralelos claros con la experiencia migratoria. Migrar nos obliga a desaprender las certezas que traíamos y a reconstruirnos en un nuevo contexto, muchas veces en medio de la incertidumbre.
Lo que más impacta de Alicia es su capacidad de encontrar fuerza dentro de sí misma. Aunque al principio parece perdida y desconcertada, su travesía la lleva a descubrir una resiliencia inesperada. Del mismo modo, migrar nos invita a buscar en nuestro interior las herramientas para enfrentarnos a lo desconocido. Es un proceso de transformación que, aunque desafiante, nos da la oportunidad de redefinir quiénes somos y de construir una nueva relación con el mundo.
La experiencia de Alicia en el País de las Maravillas y la experiencia migratoria comparten un mensaje esencial, la incertidumbre, aunque desconcertante, puede convertirse en una oportunidad para crecer. Ambos viajes nos enseñan que lo desconocido no es solo un espacio de pérdida, sino también de descubrimiento. Nos invitan a cuestionar nuestras certezas, a mirar más allá de lo visible y a encontrar en nosotros mismos la capacidad de adaptarnos y reinventarnos.
Así, Alicia en el País de las Maravillas deja de ser solo un cuento fantástico. Para convertirse en una metáfora de la transformación, de la fuerza que encontramos al atravesar lo incierto y de la capacidad humana de adaptarse y florecer en un mundo que a veces parece absurdo.
¿Tú también has experimentado esta sensación de habitar un mundo extraño? ¿Cómo has encontrado sentido en medio del caos?
Referencias:
- Carroll, Lewis. Alicia en el País de las Maravillas. Traducción de Ramón Buckley, Editorial Anaya, 2008.
- Freud, Sigmund. La interpretación de los sueños. Alianza Editorial, 2013.
- Winnicott, Donald. Realidad y juego. Gedisa, 2006.
- Klein, Melanie. Envidia y gratitud. Paidós, 1991.



