Entre capas de identidad – Las ciudades invisibles

Italo Calvino

Este libro llegó a mí en un momento de transformaciones importantes, al final de mi etapa universitaria. Fue un regalo oportuno, una ventana que se abrió. Descubrí que Marco Polo, al relatar sus viajes a Kublai Khan, no solo describía ciudades, sino territorios emocionales y psíquicos donde lo interno y lo externo se entrelazan. Cada ciudad, como un espejo de nuestras vivencias, nos invita a explorar las capas que habitamos, reconstruimos y, a veces, destruimos con cada experiencia. Desde las primeras páginas, sentí que estas ciudades eran metáforas de nuestras identidades, esos paisajes internos que moldeamos mientras transitamos el camino de la vida.

En el diálogo entre Polo y Khan, las ciudades se presentan como reflejos simbólicos de las experiencias humanas más profundas. Zaira, construida sobre la memoria de sus habitantes, y Eutropía, donde el cambio constante nunca colma el vacío, encarnan las tensiones que enfrentamos al transitar lo nuevo. Zaira, en particular, puede entenderse como ese espacio transicional del que habla Winnicott, un territorio emocional que conecta lo que dejamos atrás con lo que estamos construyendo. Aquí, la memoria no es simplemente un registro del pasado, sino un recurso esencial para resignificar lo perdido y dar sentido al presente. En la experiencia migratoria, este proceso se vuelve vital, ya que habitamos un lugar desconocido y también los ecos de lo que llevamos con nosotros.

Eutropía, por su parte, encarna la paradoja del deseo que Lacan describe como un anhelo perpetuo por aquello que siempre parece estar más allá de nuestro alcance. Para quienes migran, esta ciudad refleja una verdad profunda; la búsqueda de un lugar mejor no siempre resuelve las insatisfacciones internas. Descubrimos que no es solo el entorno lo que define nuestra experiencia, sino las cargas emocionales, los miedos y las nostalgias que llevamos con nosotros. Migrar, en este sentido, no es solo trasladarse físicamente, sino confrontar esas proyecciones y reconciliarse con lo que nos habita, integrando nuestras expectativas y vacíos en el proceso de construir un nuevo sentido de pertenencia.

La migración, como el viaje de Polo, nos invita a habitar ciudades simbólicas que reflejan nuestras transformaciones internas. Ersilia, una ciudad atravesada por redes que representan las relaciones de sus habitantes, ilustra cómo esas conexiones, al volverse demasiado densas o rígidas, exigen una ruptura; los habitantes deben abandonarla y comenzar de nuevo. Este ciclo resuena con la experiencia migratoria, donde el desprendimiento de ciertos vínculos resulta necesario para crear otros en un contexto nuevo. Jung describiría este proceso como el enfrentamiento con la sombra, esas partes de nosotros mismos que preferimos evitar, pero que inevitablemente emergen al mudarnos. Enfrentarse a lo desconocido implica también confrontar esas facetas internas, resignificar las relaciones y replantear nuestra identidad en un espacio que nos desafía a redefinir quiénes somos.

Cada ciudad habitada, ya sea real o metafórica, nos confronta con nuestras luces y sombras. Migrar es un tránsito emocional que nos desafía a integrar lo que dejamos atrás con lo que aspiramos a construir. Como las ciudades de Calvino, cada etapa del trayecto se convierte en una narrativa propia, un intento por enlazar lo inconsciente con lo consciente, lo perdido con lo que estamos creando. En este movimiento, no solo habitamos nuevos espacios, sino que también resignificamos las huellas de quienes hemos sido, transformando el viaje en una herramienta de autodescubrimiento.

Las ciudades invisibles trasciende la geografía para convertirse en un mapa emocional del desplazamiento humano. Cada ciudad que Marco Polo describe es un reflejo de los estados internos que atravesamos al migrar. Para quienes cruzan fronteras, reales o simbólicas, habitar un nuevo lugar no significa abandonar el pasado, sino reinterpretarlo. La memoria deja de ser un anclaje estático y se convierte en una brújula que conecta lo que dejamos atrás con lo que estamos construyendo. Cada ciudad es una capa de significados que nos invita a integrar lo perdido, resignificar lo vivido y descubrir, en el movimiento, nuevas formas de pertenecer.

Calvino nos invita a repensar la idea de pertenencia como un acto dinámico y transformador. Sus ciudades no son metas finales, sino estaciones de un viaje perpetuo de reinvención. Migrar, como recorrer las ciudades de Marco Polo, nos confronta con la fragilidad de nuestras certezas, obligándonos a reconstruir significados en medio de la incertidumbre. Cada paso no solo redefine el espacio que habitamos, sino que nos transforma, mostrándonos que la verdadera pertenencia no radica en un lugar fijo, sino en nuestra capacidad de adaptarnos y resignificarnos en el trayecto.

¿Qué partes de ti has dejado atrás y cuáles han emergido en cada nueva etapa de tu vida? ¿Qué ciudades invisibles habitas en tu recorrido? ¿Cómo se entrelazan tus memorias, deseos y sombras en los lugares que atraviesas?

Referencias:

  • Calvino, Italo. Las ciudades invisibles. Harcourt, 1974.
  • Freud, Sigmund. El yo y el ello. Alianza Editorial, 1923.
  • Jung, Carl G. El hombre y sus símbolos. Paidós, 1964.
  • Lacan, Jacques. Escritos. Siglo XXI, 1984.

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