Jorge Luis Borges
El Aleph es uno de esos cuentos que logra introducir lo extraordinario desde lo cotidiano. Recuerdo haberlo leído con la fascinación de quien siente que está descubriendo un universo nuevo en cada página. Este relato, parte de la colección Ficciones, nos lleva a explorar uno de los mayores misterios del ser humano: el infinito. Pero lo que más me atrapó no fue solo esa idea inmensa, sino la reflexión sobre las búsquedas internas, esas migraciones emocionales que todos atravesamos en algún momento, tratando de encontrar respuestas que siempre parecen estar más allá de nuestro alcance.
En El Aleph, Borges narra la historia de un hombre, que se interpreta a sí mismo con un toque de distancia irónica, y que está lidiando con la pérdida de su amada, Beatriz Viterbo. Este duelo lo lleva a visitar cada año la casa de Carlos Argentino Daneri, primo de Beatriz y un hombre obsesionado con la creación de una obra poética monumental. En una de estas visitas, el narrador descubre el Aleph, un punto en el espacio donde se puede ver simultáneamente todos los lugares del mundo, sin distorsión ni límite.
Este objeto extraordinario simboliza lo infinito y el conocimiento total, pero lo fascinante es que, en su encuentro, Borges revela una paradoja, ya que por más que tengamos acceso a todo, sigue existiendo una distancia insalvable entre lo que buscamos y lo que realmente podemos comprender. Para Carlos Argentino, el Aleph es una herramienta de vanidad, algo que alimenta su obra literaria, mientras que Borges, en su mezcla de fascinación y escepticismo, nos recuerda que, por muy infinito que sea lo que encontramos, nuestra capacidad para comprenderlo es limitada.
El Aleph puede verse como una metáfora de las migraciones internas que todos experimentamos al intentar entender el mundo y nuestro lugar en él. Pero también se puede vincular a la experiencia del migrante, que a menudo se enfrenta a la paradoja de estar en múltiples lugares al mismo tiempo. Al igual que el Aleph, donde todos los puntos del espacio convergen en uno solo, el migrante vive en una dualidad constante, ya que intenta abarcar su pasado, el lugar del que proviene, y su presente, el lugar donde está ahora, en un esfuerzo por conciliar las identidades que habitan en él. La búsqueda de pertenencia, de identidad, a veces se siente como un intento de estar «aquí y allí» al mismo tiempo, como si en un solo momento pudiéramos integrar lo que fuimos, lo que somos y lo que queremos ser.
En este sentido, el Aleph refleja no solo el deseo de abarcarlo todo, sino también la frustración de saber que nunca podremos habitar plenamente en ambos espacios al mismo tiempo. Este estado de «estar entre dos mundos» se siente como una migración infinita, una búsqueda que nunca termina, donde siempre hay algo que se escapa de nuestra comprensión. Así como Borges descubre que incluso el Aleph deja de asombrar ante nuestras propias limitaciones, los migrantes también descubren que el deseo de estar en todas partes genera una tensión emocional que nunca se resuelve por completo.
El personaje de Carlos Argentino Daneri encarna un narcisismo desmedido, como lo describe Freud. Él está atrapado en su propia grandeza, obsesionado con su obra poética y convencido de que el Aleph es la clave para alcanzar la inmortalidad artística. Daneri representa la ceguera de quien busca todo el conocimiento y el reconocimiento externo, pero que al final se queda atrapado en su propio exilio interno, sin poder ver más allá de su ego. Como este personaje, quien se cree dueño del Aleph pero no comprende su verdadera magnitud, el migrante puede sentir que su identidad está repartida en varios fragmentos, sin poder encontrar un lugar donde todo se unifique.
El personaje de Beatriz Viterbo es una figura ausente pero central en la narrativa. Fallecida al inicio del relato, se convierte en el objeto de deseo perdido para Borges. En términos del inconsciente lacaniano, Beatriz representa esa falta estructural que mueve el deseo humano, y siempre está ligado a algo que nos falta. Para Borges, la memoria de Beatriz actúa como un ancla emocional que lo mantiene atado al pasado. Esto es algo que muchos migrantes experimentan, los recuerdos y los vínculos que dejan atrás siguen siendo importantes, pero también los mantienen anclados, a veces impidiéndoles avanzar plenamente en su nueva vida. En este contexto, Beatriz simboliza esos lazos que el migrante nunca termina de soltar, pero que tampoco puede recuperar por completo.
Al final de El Aleph, lo que queda es una reflexión sobre la imposibilidad de abarcarlo todo. Tanto en la búsqueda del conocimiento como en la búsqueda de uno mismo, el Aleph representa la promesa de una comprensión total que, al final, siempre resulta inalcanzable. Esto refleja muy bien lo que muchos migrantes descubren, que no hay un lugar definitivo donde todo se resuelva, donde todo «encaje» de una vez por todas.
El Aleph interno que buscamos no está fuera, sino dentro de nosotros mismos, y el verdadero reto está en aceptar que la búsqueda en sí misma es lo que nos transforma. En este viaje, vamos integrando las piezas de nuestro pasado, nuestra identidad, y lo que buscamos ser, pero sin que ninguna respuesta sea final ni absoluta. Al igual que Borges frente al Aleph, el migrante se da cuenta de que su identidad es un proceso en constante movimiento.
El Aleph nos recuerda que la búsqueda de pertenencia, ya sea en el plano físico o emocional, nunca tiene un fin claro. Como migrantes, muchas veces nos encontramos en ese espacio entre el pasado y el presente, intentando estar en todos los lugares al mismo tiempo, intentando abarcarlo todo. Pero lo que realmente nos transforma no es alcanzar un «lugar» definitivo, sino el viaje mismo, el proceso de integrar lo que fuimos y lo que estamos destinados a ser, no se trata de respuestas acabadas, sino de construirnos a través del camino.
¿Te has encontrado alguna vez en busca de ese «Aleph» interno? Esa promesa de comprensión total, solo para darte cuenta de que lo que buscas está más relacionado con tu propia transformación que con un lugar específico. Me encantaría conocer tus reflexiones sobre la búsqueda, la identidad y el lugar que ocupamos en el mundo.
Referencias:
Borges, J. L. El Aleph. Emecé Editores, 1949.
Freud, S. El malestar en la cultura. Alianza Editorial, 1930.
Freud, S. Introducción al narcisismo. Alianza Editorial, 1914.
Lacan, J. Los escritos técnicos de Freud. Paidós, 1966.
Lacan, J. El seminario, libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Paidós, 1973.



